Relatable

ORGULLO LGBTTTIQA+

Transmitamos más amor y menos odio.


En 2016, tras una discusión en el desayuno tomé la decisión de ir a la marcha de orgullo este año.

Antes pensaba que no existía forma alguna en la que un desfile “lleno de alas de mariposa, hombres y mujeres semi desnudos y lleno de exhibicionismo” pudiera representarme, así de poco tolerante, irrespetuosa e incluso homofóbica era mi visión de las cosas.
Me cuestionaron en ese momento con un simple pero duro “¿Por qué no buscas representar lo que tú eres?”. Me quedé muda. Tenían razón; tal vez si hace 10 años hubiera visto a alguien que pudiera dar otro tipo de ejemplo, habría visto las cosas de un modo distinto, pero crecí en una sociedad en donde todo se generaliza, se tacha de depravados, de drogadictos… “todo está mal respecto a la comunidad LGBTTTIQ”, y como consecuencia (lamentablemente) esa idea estaba en mi cabeza hasta hace poco.
Desde ese desayuno y esa discusión, me ocupé de madurar mi tolerancia, mi respeto y la forma en la que vivo y celebro la hermosa diversidad que existe en nuestras calles.
El día de ayer, mientras daba inicio la marcha dijeron que era la más concurrida de todas las que habían existido en la ciudad, dijeron que 1,300,000 personas estábamos reunidas ahí, otros medios dan diferentes conteos, pero seguro éramos más de 100,000 almas marchando, por nosotros mismos, por amigos, por familia, por hijos. Había de todo.
Celebré y fui testigo de todas las diferentes formas de vivir el amor, caminé a lado de un grupo que defendía los derechos de los transexuales: “Mismos impuestos, mismos derechos”. También querían justicia para homicidios contra personas trans: “Señor, señora, no sea indiferente, matan a los trans en la cara de la gente”.
Alzaban pancartas pidiendo que no se cometieran más abusos ni discriminación.
Es una celebración pero también es una petición para acabar con muchos estigmas sociales.
No creo que nuestra sociedad mexicana haya alcanzado una gran apertura en su mentalidad, o cuando menos no hay mucha evidencia de que así sea. Sin embargo, ayer vi un grupo de vaqueros que marchaba en sus caballos, cargando orgullosos banderas en apoyo a compañeros y marchando por ellos mismos.
Familias enteras con playeras que decían “amo a mi hijo”, “ amo a mi hermano”. Unas hermanas orgullosas de su hermano y amigas apoyando a otras. Una pareja homoparental con su hija en brazos, otra pareja y sus perrhijos, una pareja heterosexual con sus hijas.
Fui testigo de la más bella diversidad cultural, física, amorosa y sexual que jamás había visto. Cambió radicalmente la forma en que antes pensaba: que “nada de esa marcha me representa, porque yo no soy, no quiero me juzguen así”. Alguna vez lo dijo Gandhi, “Sé el cambio que quieres ver en el mundo”.

 

Salí a representar lo que soy y ojalá muchas más personas puedan ver que juzgar o faltarte al respeto a otras personas no está provocando un cambio y es únicamente un testimonio de odio y no de amor.

 

La marcha casi tuvo saldo blanco, excepto porque un grupo de anarquistas que iban acompañando al contingente se enfrentó frente a la catedral con una banda de neonazis opositores: se reportaron 8 heridos en la pelea.
A ellos, a los homosexuales que no apoyan salir a las calles por no sentirse representados, a los homofóbicos, a las personas que agreden, matan y no creen que se deben de ejercer derechos, que ven todo como una abominación. A todos nosotros, que toleramos, amamos, vivimos y lo decimos en alto y a los que deben de permanecer callados.

 “Amor es la respuesta”

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